Hogar Nuestra Señora de Lourdes
Chinácota, Colombia
Hogar de ancianos mixto
Fundadora de la Congregación "Hermanitas de los Pobres de Maiquetía"
1858 - 1893
En la Venerable Emilia Chapellín encontrarás unas huellas que puedes transitar hacia la santidad
7 de diciembre de 1858
Caracas, Venezuela
25 de septiembre de 1889
18 de enero de 1893 (34 años)
23 de diciembre de 1993
Emilia Chapellín Istúriz nació el 7 de diciembre de 1858 en Caracas, en el seno de una familia católica ejemplar. Desde su infancia mostró una caridad extraordinaria hacia los pobres, tanto que su madre la llamaba "la Hermana de la Caridad".
Tras la muerte de su madre en 1885, ratificó su vocación religiosa ofreciéndose completamente a Dios. Intentó ingresar a las Terciarias Franciscanas en Curazao, pero problemas de salud la obligaron a regresar a Venezuela. La superiora le profetizó: "A usted la quiere Dios en un rinconcito de su Patria."
En 1888 se inscribió en la Pía Asociación de San José en Maiquetía, dedicándose al servicio de enfermos. El 22 de abril de 1888 se inauguró el Hospital San José, y el 25 de septiembre de 1889, junto al Padre Santiago Machado, fundó la Congregación de Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, primera congregación religiosa venezolana.
Vivió en pobreza heroica, sirviendo a los más necesitados con amor incansable. A pesar de sufrir tuberculosis, continuó trabajando hasta el agotamiento. En 1892 fundó el Asilo de la Providencia en Caracas.
Falleció el 18 de enero de 1893 en Macuto, a los 34 años, durante la Misa, momentos después de recibir la comunión. Fue declarada Venerable por San Juan Pablo II el 23 de diciembre de 1993, exactamente 100 años después de su muerte.
Nace en Caracas la novena de doce hijos de Ramón Chapellín y Trinidad Istúriz. Su llegada ocurre en víspera de la Inmaculada Concepción. Desde pequeña se admira en ella dignidad, bondad innata y gran caridad hacia los pobres. Su madre la llamaba "la Hermana de la Caridad".
A los 36 días de nacida recibe el Sacramento del Bautismo en la Catedral de Caracas. El 4 de noviembre de 1860 recibe la Confirmación. Alrededor de los 12 años hace su Primera Comunión con extraordinaria preparación y fervor. Desde su infancia practica continuas mortificaciones y cede en todo por amor a Dios
Fallece su madre doña Trinidad. Ante su cadáver, Emilia ratifica su decisión: "Dios mío, te ofrecí todo mi ser en holocausto... Lejos, Señor, de retractarme de mi resolución, la ratifico y desde este instante quiero ser para siempre toda tuya en la vida religiosa". Ingresó a las Hermanas Terciarias Franciscanas en Curazao pero debe regresar por su salud.
Se inaugura el Hospital San José en Maiquetía, fiesta del Patrocinio de San José. Primeros 8 enfermos acogidos. El 25 de septiembre de 1889, Emilia se va a vivir definitivamente en el Hospital. Recibe las llaves de la Casa: doce enfermos varones, dieciocho mujeres enfermas. Este será el lugar escogido por Dios para que realice su misión y nazca un proyecto de amor al servicio de los pobres y enfermos.
Viste el santo Hábito religioso. Funda con el Padre Santiago Machado la Congregación de Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, primera Congregación religiosa venezolana. El 19 de abril de 1890 pronuncia sus primeros Votos de Pobreza, Castidad y Obediencia. El 30 de agosto de 1890 se instala el Santísimo Sacramento en la capilla.
A tres años de fundada la Congregación, con solo 12 miembros, funda en Caracas el Asilo de La Providencia. La fundación se hace en pobreza heroica: “Una mesa vieja, cuatro sillas desiguales, tres o cuatro platos, un tarrito de barro, en la cocina dos ollas sin tapa, y una cama que dejan para el anciano que llevaron desde Maiquetía. Esa noche las hermanas duermen en el suelo. En el zaguán un cuadro de santa Teresa y en la salita un cuadro de san José…” Su salud se iba deteriorando cada día y el 11 de diciembre de 1892 pronuncia sus Votos Perpetuos "in articulo mortis".
Con el fin de que el clima favoreciera su salud, fue llevada a Macuto, a casa de su hermana. El 18 de enero de 1893, a las 5:30 P.M., el padre Machado celebró la misa. Con supremo esfuerzo se pone de rodillas con los brazos en cruz. Recibe la Santa Comunión y unos instantes después expira a los 34 años, un mes y 11 días. Murió en un encuentro de amor con Jesucristo, a quien había entregado su vida. El 23 de diciembre de 1993, exactamente 100 años después, San Juan Pablo II la declara Venerable.
Lugares donde sigue viva la presencia de Madre Emilia
Chinácota, Colombia
Hogar de ancianos mixto
Arica, Chile
Hogar de ancianos mixto
Tacna, Perú
Evangelización, catequesis y acción social
Madrid, España
Sede delegación España · Residencia universitaria
Aoiz, Navarra, España
Residencia para ancianos mixto
Valdebótoa, Badajoz, España
Residencia para ancianos mixto
La virtud más sobresaliente de la Madre Emilia fue su caridad heroica, tanto hacia Dios como hacia el prójimo. Llamaba a sus enfermos "mis doce apóstoles" y curaba personalmente llagas asquerosas. Su amor fue tan intenso que le consumió la vida, falleciendo a los 34 años.
Las Hermanas que la conocieron respondían: "¡Era humildísima!". Siendo de familia distinguida, aceptó mendigar de puerta en puerta venciendo el respeto humano. Decía: "A mí no me imiten, sino a Jesús". Se consideraba la última y tomaba lo más pobre y despreciado.
El espíritu de oración fue el secreto de todas sus virtudes. Vivía en continua unión con Dios. Permanecía horas ante el Sagrario sin moverse. En agonía dijo: "Siento tanto amor a Jesús. ¡Mi espíritu está lleno de su presencia!"
Vivió la pobreza evangélica en grado heroico. Su celda era de extrema carencia. En la fundación del Asilo, las Hermanas dormían en el suelo con solo dos ollas sin tapa. A pesar de esto, nunca dejó de acoger un pobre: "Dios lo quiere, Dios lo envía, hay que recibirlo".
Disciplinas sangrientas después de jornadas agotadoras, cilicio áspero constantemente, trabajaba bajo sol ardiente estando gravemente enferma. Su mortificación suprema fue limpiar enfermos mentales en Los Teques, acto que le costó la vida. Decía: "Todas las tentaciones las he vencido con el amor".
La fe inquebrantable y confianza absoluta en Dios caracterizaron toda su vida. Recibía pobres sin tener con qué: "Dios lo quiere, Dios proveerá". Nunca decía "no" por falta de recursos. Dios premiaba su confianza con milagros constantes. En muerte: "Estoy tan tranquila como si me hallara en los brazos de Jesús".
El camino hacia los altares de la Madre Emilia
El 23 de diciembre de 1993, el Papa San Juan Pablo II declaró Venerable a la Sierva de Dios Emilia Chapellín Istúriz, exactamente a los 100 años de su muerte.
Con este decreto, la Madre Emilia recibió el título de "Venerable", lo que significa que la Iglesia reconoce oficialmente que vivió en grado heroico todas las virtudes cristianas: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
El proceso se inició el 7 de diciembre de 1957 cuando el Arzobispo Rafael Arias Blanco abrió el Proceso Arquidiocesano. En 1979 inició formalmente en Roma, donde nueve teólogos dieron voto favorable a la heroicidad de sus virtudes.
Para su beatificación se necesita el reconocimiento de un milagro obtenido por su intercesión. Si conoces algún favor o gracia extraordinaria recibida por intercesión de la Madre Emilia, te invitamos a comunicarte con la Congregación.
Reportar un favor
Dra. Silvia Correale
Hna. Rosalía Cordero Mora, HPM
Hna. Moraiva Palmar, HPM
Santísima Trinidad, te damos
gracias por el ejemplo admirable que nos diste
en tu Venerable Sierva, la Madre Emilia de San José,
ella que supo reconocerte en la persona
de los enfermos y necesitados, con una fe profunda,
una esperanza firme y una ardiente caridad.
Dignate glorificarla con el honor de los altares
y concédenos seguir sus ejemplos y la gracia
que por su intercesión te pedimos, a mayor honra
y gloria tuya. Amén.
(Se hace la petición)
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria al Padre.
Con aprobación eclesiástica
Nota: Si recibes alguna gracia por intercesión de la Madre
Emilia, por favor comunícalo a la Congregación de las Hermanitas de los
Pobres de Maiquetía.
Frases y pensamientos de la Madre Emilia que iluminan el camino
Objetos, reliquias y momentos de la vida de la Madre Emilia
Si deseas conocer más sobre la Venerable Madre Emilia de San José, reportar una gracia recibida por su intercesión, obtener información vocacional o conocer la Congregación de Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, no dudes en contactarnos.
causabeatiemilia@gmail.com
+58 422 082 38 67
Casa Madre - Montalbán, Caracas, Venezuela
La virtud más sobresaliente de la Madre Emilia fue su caridad heroica, tanto hacia Dios como hacia el prójimo.
"Todas las tentaciones las he vencido con el amor"
Con los pobres y enfermos:
Con sus Hijas espirituales:
"Su caridad era inagotable. Era un lince para adivinar las necesidades de sus hijas".
Fruto: Esta virtud le consumió la vida. Murió a los 34 años, agotada por su entrega total.
Las Hermanas que la conocieron respondían: "¡Era humildísima!"
Su humildad se manifestaba en obediencia ciega. Pidió permiso hasta para cambiar de posición en su lecho de muerte.
"La humildad de Emilia era invencible. Dios no suele dar gracias extraordinarias sino a las almas humildes" (Padre Machado)
Enseñanza final: "Tengan mucho cuidado con el orgullo, que es como un dragón infernal que lo destruye todo".
El espíritu de oración fue el secreto de todas sus virtudes. Vivía en continua unión con Dios.
"Primero, la vida interior. Que vuestras ocupaciones no impidan vuestra unión con Dios".
En agonía: "Siento tanto amor a Jesús y se me ha despertado ahora un deseo tan grande de verlo. ¡Mi espíritu está lleno de su presencia!"
La Madre Emilia vivió la pobreza evangélica en grado heroico.
Hospital San José en Maiquetía: Extrema carencia, faltaba lo más preciso, total confianza en la Providencia.
Asilo La Providencia en Caracas: Una casita alquilada y desprovista de todo. Alimentos muy frugales. Su gran tesoro: Un anciano que llevaron de Maiquetía.
A pesar de la extrema pobreza, nunca dejó de acoger un pobre. "Dios lo quiere, Dios lo envía, hay que recibirlo".
Enseñanza: Su pobreza fue al estilo de Jesús, su amado Esposo.
El espíritu de mortificación acompañó a la Madre Emilia toda su vida, alcanzando grado heroico.
Ocultaba su mal: "Llegaba pálida y sudorosa, jadeante y exhausta, no a descansar, sino a ponerse el delantal para atender enfermos, con aire de alegría."
Mortificación suprema: El acto heroico que realizó con los enfermos mentales en Los Teques, le costó la vida.
No masoquismo sino amor:
"Todas las tentaciones las he vencido con el amor."
La fe inquebrantable y confianza absoluta en Dios caracterizaron toda su vida.
Dios premió constantemente su fe:
Forros de cama: Una señora envió tres forros nuevos justo cuando acogieron a un enfermo, y tenían solamente unas armaduras de catres.
Dulce de lechosa: Enfermo pidió dulce. No había. Fue a pedirlo a Jesús y enseguida llegó.
Escobas: No había con qué barrer. Puso restos de una a los pies de San José. Llegó una docena nueva, como se lo habrían pedido.
"Para conseguir ese amor es preciso ser muy humildes y fieles a las cosas pequeñas."
Fruto de su fe: Tranquilidad absoluta ante la muerte: "Estoy tan tranquila como si me hallara en los brazos de Jesús."